A estas alturas creo que todo sabemos que la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más grave de este siglo, y a pesar de que somos conscientes de esto, es realmente difícil controlar la alimentación de tus hijos cuando, como  indica un  estudio reciente publicado en el International Journal of Obesity,  la mayoría de nosotros, no tenemos ni idea de medir la cantidad de azúcar -uno de los factores importantes que causan el aumento de peso-, que contienen los alimentos que compramos en supermercados considerados comúnmente como “saludables”.

Durante el desarrollo del estudio, se pidió a los padres que calcularan el contenido de azúcar en alimentos y bebidas muy comunes en la dieta de los niños como el zumo de frutas, pizza, cátsup, yogur. Se les indicó que pensaran en términos de cubitos de azúcar y cada cubito contendría tres gramos de azúcar aproximadamente.

El 75 % de padres pensaron que la presencia de azúcar en estos alimento era mucho menor que lo que en realidad contienen. Las mayores discrepancias se dieron en productos como el yogur que tiene mucha más azúcar de lo que imaginamos a diferencia de las discrepancias con el cátsup que tiene menos de lo pensaban.

Lo más preocupante es que los niños con los indices de masa corporal más altos, eran los hijos de los padres que cometieron los mayores errores de cálculo.

 

Otro estudio que también muestra claramente esta realidad es el  Aladino de 2016, que informa sobre la prevalencia de la obesidad en España que en menores es del 18,1% y el sobrepeso afecta ya al 23,2% de este grupo.

Esto nos indica que, como es lógico los niños no son conscientes de lo que es o no bueno para su salud, por tanto necesitan una atención especial en la lucha contra la epidemia de obesidad y solo los padres o adultos a su cargo, pueden guiarles marcando pautas equilibradas en el tema de alimentación y también en un estilo de vida saludable que deben fomentar, puesto que el comportamiento de los niños suele modelarse a través de la observación y la adaptación, advierte la OMS, que después de un largo periodo de consulta pública,lanza sus recomendaciones en torno al consumo de azúcar:no debe aportar más del 10% de las calorías diarias tanto en niños como en adultos. Para una dieta de 2.000 calorías, son unos 50 gramos de azúcar, el equivalente a unas 12 cucharillas de café. La media en Europa occidental ronda los 100 gramos, por lo que la reducción debería de ser de la mitad del consumo medio.

 


Recomendaciones generales OMS

  • aumentar el consumo de frutas y hortalizas, legumbres, cereales integrales y frutos secos;
  • reducir la ingesta total de grasas y sustituir las saturadas por las insaturadas;
  • reducir la ingesta de azúcares, y
  • mantener la actividad física: un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o vigorosa que sea adecuada para la fase de desarrollo y conste de actividades diversas.

Datos: 

  • En Europa, las cifras más moderadas entre la población adulta las tienen países como Hungría o Noruega, con porcentajes que oscilan entre un 7% y un 8% de la aportación total de calorías. España o el Reino Unido alcanzan tasas de entre el 16% y el 17%.
  • En los menores las cifras son sensiblemente más elevadas. En el rango bajo está Dinamarca, Eslovenia o Suecia (12% de las calorías diarias); en el alto se encuentra Portugal (25%).

 

A parte de nuestro esfuerzo en corregir el problema o prevenirlo, también se hace un llamamiento a un compromiso político sostenido y la colaboración de sector público y privado para dar información clara sobre nutrición, y para facilitar la disponibilidad y asequibilidad de alimentos sanos.

 

 

Tras leer todo esto seguro que muchos nos sentimos culpables por dejarnos llevar, en demasiadas ocasiones, por el cansancio o pereza y evitar salir con los peques a pasear en bici o cualquier otra actividad física, optando por lo fácil que es  poner la tele o darles cualquier aparato digital para que se entretengan. Y qué decir de las compras irracionales que hacemos en el supermercado. Tras excesivas suplicas y lloriqueos fingidos, los peques consiguen que te rindas y cedas a comprar esas bombas calóricas en bolsitas con forma de bollo pringosos cubiertos de una pasta, que no chocolate, de color llamativo.

Estamos a tiempo de remediar lo que puede que hagamos mal y evitar futuros problemas a nuestro hijos, al menos los que estén en nuestra mano, y el tema de la alimentación es uno de ellos.

 

 

 

 

 

 

 

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